estimable señor me dirigo a usted por que
grasias austed hoy mis zapatos e
vuelto atener por que e vuelto a sentir
esa felizidad en que hoy
mis pies pueden segir felizes por que
eran unos zapatos que tanto kiero
me gustan y no se como agradeserle que este trabajo tan honrrado
que ustede tiene me aya devuelto la felisidad deverda le agradesco
su apreciable trabajo Yo le prometo que si mis pies logran estar en los zapatos,por aun mas tiempo le escribiré una hermosa carta de gratitud, presentándolo en ella como hombre cumplido y modelo de artesanos.
grasias me despido atte :)
mirella
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miércoles, 21 de abril de 2010
martes, 13 de abril de 2010
respuesta al cliente de los zapatos
estimado señor:
antes que nada le pido una disculpa por el trabajo que hice de su calzado, se que usted dice que yo no amo mi oficio ,pero en verdad si lo hago y lo amo demaciado.
Ya que no fue mi intension poner en peligro sus pies o su integridad fisica .Pues lo unico que yo hago es ejercer mi oficio con tanta alegria e intusiasmo a todo tipo de calzado, sin embargo si mi trabajo no fue complaciente a sus necesidades le pido una disculpa por mi trabajo que no fue de su agrado para su persona .
Quiero que sepa que mi trabajo hacido de años y que todos mis clientes han quedado agradecidos conmigo por mi gran ezfuerso que e echo .
bueno me despido ....
y de nuevo le digo que me disculpe , que tenga un excelente dia .
Escrito por :Z elene Estefany Roman Velasco
antes que nada le pido una disculpa por el trabajo que hice de su calzado, se que usted dice que yo no amo mi oficio ,pero en verdad si lo hago y lo amo demaciado.
Ya que no fue mi intension poner en peligro sus pies o su integridad fisica .Pues lo unico que yo hago es ejercer mi oficio con tanta alegria e intusiasmo a todo tipo de calzado, sin embargo si mi trabajo no fue complaciente a sus necesidades le pido una disculpa por mi trabajo que no fue de su agrado para su persona .
Quiero que sepa que mi trabajo hacido de años y que todos mis clientes han quedado agradecidos conmigo por mi gran ezfuerso que e echo .
y de nuevo le digo que me disculpe , que tenga un excelente dia .
Escrito por :Z elene Estefany Roman Velasco
bueno pues yo de antemano le ofresco una disculpa se que hice mal en repararle de una manera tan horrenda sus zapatos y de esa manera me voi a dar a conocer y no quiero que por eso se destruya mi sueño de ser zapatero tambien como usted tengo necesisdades y por eso lo entiendo y lo cpomprendo no fue mi intencion haver quedado mal ante usted por eso mismo le ofresco que me de la oportunidad de volverle a reparar sus zapatos y quedaran como usted quiere espero y sea una buena razon yo se que no lo hizo en forma de reclamo si no para hacerme dar cuenta que mi trabajo lo estaba realizando mal yo le doi gracias a usted por haberme hechi reaccionar de esta manera.
creado por : martinez gonzalez jessica joseline
creado por : martinez gonzalez jessica joseline
respuesta al señor del los zapatos
Mi estimado señor:
El trabjo que realizo lo hago con mucho cariño ya que con el logro mantener a mi familia, de ante mano le pido una disculpa por las molestias que mi trabajo al reparar sus zapatos le causaron molestias, creame que no fue mi intencion...
Los motivos por lo cual los zapatos estan de esa forma es por que no tenian forma de como ser reparados y utilize los recursos que estaban a mi alcanze para poder satisfacer el deseo que siente por eso zapatos... aunque por lo visto creo que mi trabajo me quedo mal... es algo raro ya que nunca me habia sucedido tal cosa...
En cuanto tenga tiempo yo me dirijire a su casa para reparar el daño que pude haber ocasionado, tras el mal trabajo que llege a realizar....
M e despido de usted agradeciendole, su observacion hacia mi trabajo...
att.. el zapatero
presentado por:DELAVEGA CHAVEZ ALEJANDRA MIYAHUATL
El trabjo que realizo lo hago con mucho cariño ya que con el logro mantener a mi familia, de ante mano le pido una disculpa por las molestias que mi trabajo al reparar sus zapatos le causaron molestias, creame que no fue mi intencion...
Los motivos por lo cual los zapatos estan de esa forma es por que no tenian forma de como ser reparados y utilize los recursos que estaban a mi alcanze para poder satisfacer el deseo que siente por eso zapatos... aunque por lo visto creo que mi trabajo me quedo mal... es algo raro ya que nunca me habia sucedido tal cosa...
En cuanto tenga tiempo yo me dirijire a su casa para reparar el daño que pude haber ocasionado, tras el mal trabajo que llege a realizar....
M e despido de usted agradeciendole, su observacion hacia mi trabajo...
att.. el zapatero
presentado por:DELAVEGA CHAVEZ ALEJANDRA MIYAHUATL
lunes, 12 de abril de 2010
Respuesta al dueño de los zapatos. (3 satz)
Señor dueño de los zapatos.
Me dirijo a usted pidiendole una disculpa por el "mal trabajo que hize", de igual forma quiero mostrarle o decirle que la forma en que me entrego sus zapatos y yo le afame la marca, la hechura, y todo. Tal vez lo que hize no fue correcto pero lo hecho hecho esta.
Yo queria mostrarle que usted tenia unos buenos zapatos y que asi como los aprecio para reusarlos son como pasa en nuestra vida, las cosas que mas añoramos, deseamos, queremos, amamos, en fin toda una serie de sentimientos hermosos hacia ese objeto. Le quise mostrar que lo mejor que hemos tenido solo se vive una vez, como el disfrutar de una persona en el caso de usted señor una mujer, tal vez a la que ama, usted sabe que algun dia eso se acabara no el sentimiento porque eso nunca desparece pero en forma fisica uno de los dos o los dos fallece y no hay remedio para eso.
Esto se puede remediar intentando un suicidio en el caso de que alguno de los dos siga con vida sin embargo es como sus pzapatos no va a remediar nada solo lo empeorara, sin embargo para reparalo se tendra demasiada fe en si mismo, tal vez usted sin tener conocimiento alguno hubiera podido reparar sus zapatos pues los añoraba.
Otro ejemplo es tal vez la infancia muchos la apreciamos porque son los mejores momentos de la vida en la que nada importa, no importa si hay problemas una sonrisa de un niño te contagia, pero igual la infancia solo se vivie una vez.
La vida solo se disfruta una vez la infancia una vez, la adolescencia una vez, la adultez una vez, la vejez una vez, nada se puede repetir...
Disculpeme por arruinar sus zapatos con mucho gusto se los arreglare de una forma adecuada, pero eso me dara a entender que no sirvio de nada lo que yo queria mostrarle, y que usted no podra dar esa enseñanza o transmitirla.
Se que fue un fallo a mi trabajo pues como usted dijo es mi modus vivendi pero en lo que a mi respecta cuando se ve a una persona abierta de mente no se le puede dejar escapar, se que usted comprendera de lo que hablo. Le recomiendo no hacer lo mismo en su trabajo yo a usted lo vi como una persona merecedora de un aprendizaje mas, me demostro que de verdad lo merecia pues no me equivoque usted no vino a insultar mi trabajo, ni mucho menos por medio de su carta me dijo palabra y media ofensiva, pero no todas las personas son asi.
Con esto me despido le vuelvo a recordar si quiere traiga sus zapatos de nuevo, y tome en cuenta lo que le escribo.
Stolzes Herz
Zu fühlen um zu spührenMeine SinneMeine SeeleMein GewissenUnd mein HerzAm Abgrund meines LebensAm Ende meiner SelbstGebrechlich tief im InnernUnd schwach nach aussen hinIst es schlecht?Und was ist gutIst es krank?Und was heisst leben?Nein!Es ist nur ehrlich - menschlichUnd verfluchtIst doch nur die WahrheitIm Auge der GemeinheitDer AllgemeinheitSchlicht verwerflich - transparentDoch ist es tiefer, stärker und viel mehrSo ist der MenschNur auf der SucheNach der StärkeNach der Lüge - blindem WahnUnd der ÖberflachlichkeitMit blutverschmierten HändenMit einer Träne im GesichtEinem Lacheln auf dem LippenUnd der Hoffnung tief im BlickAufzustehen auch aus dem DreckTief beschmutzt und stolz im HerzDem Leben neu erwachtUnd erwacht ganz neu im LebenSind meine Hände blind und stummSind meine Augen alt und schwach?Ist mein Herz dem Blut erlegen?Und bei allem doch nur ehrlichBin ich Mensch?Bin ich Schmerz?Bin ich die Trane -Und der Kuss zugleich?!?Mit blutverschmierten HändenMit einer Träne im GesichtEinem Lacheln auf dem LippenUnd der Hoffnung tief im BlickAufzustehen auch aus dem DreckTief beschmutzt und stolz im HerzDem Leben neu erwachtUnd erwacht ganz neu im Leben
Corazón Orgulloso
Sentir para percibir Mis deseos Mi alma Mi conciencia Y mi corazónEn el precipicio de mi vida Al final de mi mismo Frágil por el interior Y débil hacia afuera ¿Esta mal? Y ¿que es bueno? ¿Es enfermo? Y ¿Que quiere decir vivir? ¡No! Solo es sincero - Humano Y maldiciónEs únicamente la verdad En el ojo de la bajeza De toda la generalidad Simplemente desechable - Transparente Pero es mas profundo, fuerte y mucho mas Asi es el hombre Solo en la búsquedaPor la fuerza Por la mentira - ciega ilusiónY de la superficialidad Con las manos ensangrentadas Con una lágrima en el rostro Una sonrisa en los labios Y la esperanza profunda en la mirada Levantarse de la mugre Profundamente ensuciado y orgulloso en el corazónComenzar una nueva vida Y despertar como nuevo en la vida ¿Están mis manos ciegas y sordas? ¿Son mis ojos demasiado viejos y débiles? ¿Ha muerto mi corazón a la sangre? Y con todos solo honesto ¿Soy un hombre? ¿Soy dolor? Soy las lágrimas¿Y el beso al mismo tiempo? Con las manos ensangrentadas Con una lágrima en el rostro Una sonrisa en los labios Y la esperanza profunda en la mirada Levantarse de la mugre Profundamente ensuciado y orgulloso en el corazónComenzar una nueva vida Y despertar como nuevo en la vida
domingo, 4 de abril de 2010
carta a un zapatero
Carta a un zapatero que compuso mal unos zapatos
[Cuento. Texto completo
Juan José Arreola
Estimable señor:
Como he pagado a usted tranquilamente el dinero que me cobró por reparar mis zapatos, le va a extrañar sin duda la carta que me veo precisado a dirigirle.
En un principio no me di cuenta del desastre ocurrido. Recibí mis zapatos muy contento, augurándoles una larga vida, satisfecho por la economía que acababa de realizar: por unos cuantos pesos, un nuevo par de calzado. (Éstas fueron precisamente sus palabras y puedo repetirlas.)
Pero mi entusiasmo se acabó muy pronto. Llegado a casa examiné detenidamente mis zapatos. Los encontré un poco deformes, un tanto duros y resecos. No quise conceder mayor importancia a esta metamorfosis. Soy razonable. Unos zapatos remontados tienen algo de extraño, ofrecen una nueva fisonomía, casi siempre deprimente.
Aquí es preciso recordar que mis zapatos no se hallaban completamente arruinados. Usted mismo les dedicó frases elogiosas por la calidad de sus materiales y por su perfecta hechura. Hasta puso muy alto su marca de fábrica. Me prometió, en suma, un calzado flamante.
Pues bien: no pude esperar hasta el día siguiente y me descalcé para comprobar sus promesas. Y aquí estoy, con los pies doloridos, dirigiendo a usted una carta, en lugar de transferirle las palabras violentas que suscitaron mis esfuerzos infructuosos.
Mis pies no pudieron entrar en los zapatos. Como los de todas las personas, mis pies están hechos de una materia blanda y sensible. Me encontré ante unos zapatos de hierro. No sé cómo ni con qué artes se las arregló usted para dejar mis zapatos inservibles. Allí están, en un rincón, guiñándome burlonamente con sus puntas torcidas.
Cuando todos mis esfuerzos fallaron, me puse a considerar cuidadosamente el trabajo que usted había realizado. Debo advertir a usted que carezco de toda instrucción en materia de calzado. Lo único que sé es que hay zapatos que me han hecho sufrir, y otros, en cambio, que recuerdo con ternura: así de suaves y flexibles eran.
Los que le di a componer eran unos zapatos admirables que me habían servido fielmente durante muchos meses. Mis pies se hallaban en ellos como pez en el agua. Más que zapatos, parecían ser parte de mi propio cuerpo, una especie de envoltura protectora que daba a mi paso firmeza y seguridad. Su piel era en realidad una piel mía, saludable y resistente. Sólo que daban ya muestras de fatiga. Las suelas sobre todo: unos amplios y profundos adelgazamientos me hicieron ver que los zapatos se iban haciendo extraños a mi persona, que se acababan. Cuando se los llevé a usted, iban ya a dejar ver los calcetines.
También habría que decir algo acerca de los tacones: piso defectuosamente, y los tacones mostraban huellas demasiado claras de este antiguo vicio que no he podido corregir.
Quise, con espíritu ambicioso, prolongar la vida de mis zapatos. Esta ambición no me parece censurable: al contrario, es señal de modestia y entraña una cierta humildad. En vez de tirar mis zapatos, estuve dispuesto a usarlos durante una segunda época, menos brillante y lujosa que la primera. Además, esta costumbre que tenemos las personas modestas de renovar el calzado es, si no me equivoco, el modus vivendi de las personas como usted.
Debo decir que del examen que practiqué a su trabajo de reparación he sacado muy feas conclusiones. Por ejemplo, la de que usted no ama su oficio. Si usted, dejando aparte todo resentimiento, viene a mi casa y se pone a contemplar mis zapatos, ha de darme toda la razón. Mire usted qué costuras: ni un ciego podía haberlas hecho tan mal. La piel está cortada con inexplicable descuido: los bordes de las suelas son irregulares y ofrecen peligrosas aristas. Con toda seguridad, usted carece de hormas en su taller, pues mis zapatos ofrecen un aspecto indefinible. Recuerde usted, gastados y todo, conservaban ciertas líneas estéticas. Y ahora...
Pero introduzca usted su mano dentro de ellos. Palpará usted una caverna siniestra. El pie tendrá que transformarse en reptil para entrar. Y de pronto un tope; algo así como un quicio de cemento poco antes de llegar a la punta. ¿Es posible? Mis pies, señor zapatero, tienen forma de pies, son como los suyos, si es que acaso usted tiene extremidades humanas.
Pero basta ya. Le decía que usted no le tiene amor a su oficio y es cierto. Es también muy triste para usted y peligroso para sus clientes, que por cierto no tienen dinero para derrochar.
A propósito: no hablo movido por el interés. Soy pobre pero no soy mezquino. Esta carta no intenta abonarse la cantidad que yo le pagué por su obra de destrucción. Nada de eso. Le escribo sencillamente para exhortarle a amar su propio trabajo. Le cuento la tragedia de mis zapatos para infundirle respeto por ese oficio que la vida ha puesto en sus manos; por ese oficio que usted aprendió con alegría en un día de juventud... Perdón; usted es todavía joven. Cuando menos, tiene tiempo para volver a comenzar, si es que ya olvidó cómo se repara un par de calzado.
Nos hacen falta buenos artesanos, que vuelvan a ser los de antes, que no trabajen solamente para obtener el dinero de los clientes, sino para poner en práctica las sagradas leyes del trabajo. Esas leyes que han quedado irremisiblemente burladas en mis zapatos.
Quisiera hablarle del artesano de mi pueblo, que remendó con dedicación y esmero mis zapatos infantiles. Pero esta carta no debe catequizar a usted con ejemplos.
Sólo quiero decirle una cosa: si usted, en vez de irritarse, siente que algo nace en su corazón y llega como un reproche hasta sus manos, venga a mi casa y recoja mis zapatos, intente en ellos una segunda operación, y todas las cosas quedarán en su sitio.
Yo le prometo que si mis pies logran entrar en los zapatos, le escribiré una hermosa carta de gratitud, presentándolo en ella como hombre cumplido y modelo de artesanos.
Soy sinceramente su servidor.
FIN
Como he pagado a usted tranquilamente el dinero que me cobró por reparar mis zapatos, le va a extrañar sin duda la carta que me veo precisado a dirigirle.
En un principio no me di cuenta del desastre ocurrido. Recibí mis zapatos muy contento, augurándoles una larga vida, satisfecho por la economía que acababa de realizar: por unos cuantos pesos, un nuevo par de calzado. (Éstas fueron precisamente sus palabras y puedo repetirlas.)
Pero mi entusiasmo se acabó muy pronto. Llegado a casa examiné detenidamente mis zapatos. Los encontré un poco deformes, un tanto duros y resecos. No quise conceder mayor importancia a esta metamorfosis. Soy razonable. Unos zapatos remontados tienen algo de extraño, ofrecen una nueva fisonomía, casi siempre deprimente.
Aquí es preciso recordar que mis zapatos no se hallaban completamente arruinados. Usted mismo les dedicó frases elogiosas por la calidad de sus materiales y por su perfecta hechura. Hasta puso muy alto su marca de fábrica. Me prometió, en suma, un calzado flamante.
Pues bien: no pude esperar hasta el día siguiente y me descalcé para comprobar sus promesas. Y aquí estoy, con los pies doloridos, dirigiendo a usted una carta, en lugar de transferirle las palabras violentas que suscitaron mis esfuerzos infructuosos.
Mis pies no pudieron entrar en los zapatos. Como los de todas las personas, mis pies están hechos de una materia blanda y sensible. Me encontré ante unos zapatos de hierro. No sé cómo ni con qué artes se las arregló usted para dejar mis zapatos inservibles. Allí están, en un rincón, guiñándome burlonamente con sus puntas torcidas.
Cuando todos mis esfuerzos fallaron, me puse a considerar cuidadosamente el trabajo que usted había realizado. Debo advertir a usted que carezco de toda instrucción en materia de calzado. Lo único que sé es que hay zapatos que me han hecho sufrir, y otros, en cambio, que recuerdo con ternura: así de suaves y flexibles eran.
Los que le di a componer eran unos zapatos admirables que me habían servido fielmente durante muchos meses. Mis pies se hallaban en ellos como pez en el agua. Más que zapatos, parecían ser parte de mi propio cuerpo, una especie de envoltura protectora que daba a mi paso firmeza y seguridad. Su piel era en realidad una piel mía, saludable y resistente. Sólo que daban ya muestras de fatiga. Las suelas sobre todo: unos amplios y profundos adelgazamientos me hicieron ver que los zapatos se iban haciendo extraños a mi persona, que se acababan. Cuando se los llevé a usted, iban ya a dejar ver los calcetines.
También habría que decir algo acerca de los tacones: piso defectuosamente, y los tacones mostraban huellas demasiado claras de este antiguo vicio que no he podido corregir.
Quise, con espíritu ambicioso, prolongar la vida de mis zapatos. Esta ambición no me parece censurable: al contrario, es señal de modestia y entraña una cierta humildad. En vez de tirar mis zapatos, estuve dispuesto a usarlos durante una segunda época, menos brillante y lujosa que la primera. Además, esta costumbre que tenemos las personas modestas de renovar el calzado es, si no me equivoco, el modus vivendi de las personas como usted.
Debo decir que del examen que practiqué a su trabajo de reparación he sacado muy feas conclusiones. Por ejemplo, la de que usted no ama su oficio. Si usted, dejando aparte todo resentimiento, viene a mi casa y se pone a contemplar mis zapatos, ha de darme toda la razón. Mire usted qué costuras: ni un ciego podía haberlas hecho tan mal. La piel está cortada con inexplicable descuido: los bordes de las suelas son irregulares y ofrecen peligrosas aristas. Con toda seguridad, usted carece de hormas en su taller, pues mis zapatos ofrecen un aspecto indefinible. Recuerde usted, gastados y todo, conservaban ciertas líneas estéticas. Y ahora...
Pero introduzca usted su mano dentro de ellos. Palpará usted una caverna siniestra. El pie tendrá que transformarse en reptil para entrar. Y de pronto un tope; algo así como un quicio de cemento poco antes de llegar a la punta. ¿Es posible? Mis pies, señor zapatero, tienen forma de pies, son como los suyos, si es que acaso usted tiene extremidades humanas.
Pero basta ya. Le decía que usted no le tiene amor a su oficio y es cierto. Es también muy triste para usted y peligroso para sus clientes, que por cierto no tienen dinero para derrochar.
A propósito: no hablo movido por el interés. Soy pobre pero no soy mezquino. Esta carta no intenta abonarse la cantidad que yo le pagué por su obra de destrucción. Nada de eso. Le escribo sencillamente para exhortarle a amar su propio trabajo. Le cuento la tragedia de mis zapatos para infundirle respeto por ese oficio que la vida ha puesto en sus manos; por ese oficio que usted aprendió con alegría en un día de juventud... Perdón; usted es todavía joven. Cuando menos, tiene tiempo para volver a comenzar, si es que ya olvidó cómo se repara un par de calzado.
Nos hacen falta buenos artesanos, que vuelvan a ser los de antes, que no trabajen solamente para obtener el dinero de los clientes, sino para poner en práctica las sagradas leyes del trabajo. Esas leyes que han quedado irremisiblemente burladas en mis zapatos.
Quisiera hablarle del artesano de mi pueblo, que remendó con dedicación y esmero mis zapatos infantiles. Pero esta carta no debe catequizar a usted con ejemplos.
Sólo quiero decirle una cosa: si usted, en vez de irritarse, siente que algo nace en su corazón y llega como un reproche hasta sus manos, venga a mi casa y recoja mis zapatos, intente en ellos una segunda operación, y todas las cosas quedarán en su sitio.
Yo le prometo que si mis pies logran entrar en los zapatos, le escribiré una hermosa carta de gratitud, presentándolo en ella como hombre cumplido y modelo de artesanos.
Soy sinceramente su servidor.
FIN
ºActividad: escribe una carta dando repuesta al señor, como si tu fueras es zapatero.
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